La confesión
Una prueba de fe.
Ese domingo a la tarde esperó en la entrada de la iglesia hasta que terminaran de salir los asistentes a la misa. Se había acercado varias veces antes y conocía la rutina: el cura saldría a acompañar a los últimos feligreses hasta la puerta y ése sería el momento de hablarle. A solas, en privado. Se acercó a él cuando ya se volvía para entrar a la iglesia después de charlar con dos ancianas.
—Hola padre Raúl—le dijo. El cura giró la cabeza y lo miró primero con una sonrisa automática y luego con una mezcla de asombro y alegría.
—¡Hernán! ¿Vos por acá? —dijo esto último como riéndose de un absurdo.
—Sí, yo por acá —respondió Hernán también riéndose—. ¿Viste las vueltas de la vida?
—Che, me alegra mucho verte —le dijo tomándolo de los hombros—. ¿Cómo estás?
—Acá estoy —se puso serio—. Más o menos. Tengo que hablar con vos.
El cura intuyó algo que no era bueno. Demasiado tiempo hacía que lidiaba con miserias humanas y podía percibirlas por un gesto, una mirada, una actitud corporal. Hernán no estaba bien. Lo notó débil, demasiado envejecido para su edad. La misma edad que él, unos meses más joven todavía.
—Dale, vení. Vamos adentro.
Lo tomó de un brazo y juntos avanzaron entre las filas de bancos. Se sentaron por la mitad de la nave.
—¿Qué pasa?
Hernán se quedó callado, como ordenando sus pensamientos, con la cabeza gacha.
—Es por mi esposa.
—Supe que te casaste, aunque no fuiste capaz de invitarme —el cura intentó relajar la tensión con una sonrisa.
—Está desaparecida desde el viernes. No la pueden encontrar.
—¡Ay Hernán! —el cura se quedó helado—. Eso es terrible. ¿Hiciste la denuncia?
—Más bien que sí. Pero medio que no me creen. Dicen que debe ser un caso típico de “desavenencia conyugal” y que ella se fue por voluntad propia, aunque yo sé muy bien que no fue así. Igual la están buscando, pero sin mucho entusiasmo.
—¡Qué barbaridad! —el cura sacudió la cabeza—. Decime en qué te puedo ayudar y sabés que voy a hacer lo que sea.
Hernán hizo una pausa. Se acomodó mejor en el asiento y lo miró a su amigo.
—Decime, Raúl. ¿Vos hablás con el que lo sabe todo, no? —señaló con un dedo hacia arriba.
El cura se sorprendió al oír esto porque su amigo siempre fue un ateo recalcitrante. Pensó qué terrible momento estaría pasando para estar en una iglesia hablando de esa manera.
—Todos podemos hablar con él, Hernán. Vos también podés.
—Yo no sé hablar con él, Raúl, pero vos sí. Decime si él puede saber dónde está mi esposa.
—Vos lo dijiste, él lo sabe todo.
—¡Pero eso no me sirve! —Hernán se impacientó—. Que lo sepa él solo no me sirve. ¡Quiero saber si te lo puede decir a vos!
El cura se quedó pensativo. Su amigo ateo estaba poniendo a prueba su fe. Se levantó y le señaló el confesionario.
—Vení —le dijo—. Vamos ahí. Ése es el lugar para hablar con él.
Se dirigieron a una pequeña cabina con una cortina que les permitía escucharse sin verse el rostro.
—¡Preguntale dónde está mi esposa! —casi ordenó Hernán alzando la voz. Del otro lado oía a su amigo que rezaba en un murmullo. Así estuvieron durante varios minutos hasta que el cura tosió levemente.
—Sé dónde está tu esposa, Hernán. Está muy cerca de tu casa —el tono de voz se volvió sombrío—. Y vos también lo sabés.
Hernán suspiró y después de un silencio habló con voz muy baja.
—Eso me temía, Raúl. Esperaba equivocarme. Que lo sepa él no me importa porque él no existe, pero que te lo diga a vos no lo puedo permitir.
Los tres disparos retumbaron en la amplia sala vacía. Hernán fue hasta la salida, ya era de noche. No había nadie por la calle.
A la mañana siguiente se sentó en la vereda a mirar el camión de la hormigonera que rellenaba con material los cimientos del nuevo edificio de enfrente. Encendió un cigarrillo. Se sintió aliviado. El único que sabía dónde había quedado su esposa no existía.


La historia funciona muy bien. El giro es excelente. Sugeriría (si lo permites) eliminar algunas explicaciones (que el amigo es ateo, por ejemplo, podría dejarse sugerido). Y podrías dejar el final en "No había nadie por la calle", sin el último párrafo. Sobre todo sin la última oración. Los últimos diálogos y el asesinato están tan bien narrados que no hace falta explicar nada más.
Muy bueno!
Re bien la creación de la atmósfera. 💪